Harper, integrante del VOPIA, puso voz a la adolescencia canaria con una reflexión sobre cómo vivir la tecnología con equilibrio, responsabilidad y acompañamiento.
La tecnología forma parte del día a día de niños, niñas y adolescentes. Está presente cuando aprenden, se comunican, juegan o mantienen el contacto con sus amistades. Pero, junto a todas esas oportunidades, también plantea retos que afectan a su bienestar y que requieren la implicación de familias, centros educativos, administraciones públicas, empresas tecnológicas y de la propia infancia y adolescencia.
Ese fue el eje central de la presentación del informe Infancia, Adolescencia y Bienestar Digital en Canarias, elaborado por UNICEF España, Red.es, la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo General de Colegios de Ingeniería Informática, con la colaboración de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias.
El estudio, basado en las respuestas de 1.460 estudiantes de entre 10 y 20 años de 17 centros educativos canarios, ofrece una radiografía de cómo viven niños, niñas y adolescentes su relación con el entorno digital y de los principales desafíos que plantea.
Una generación cada vez más conectada
Los datos reflejan una realidad clara: la tecnología está plenamente integrada en la vida de la infancia y la adolescencia en Canarias. El primer teléfono móvil llega, de media, a los 11 años, más del 96 % utiliza redes sociales y uno de cada diez adolescentes pasa más de cinco horas al día en ellas durante la semana lectiva.
Sin embargo, esta realidad también tiene su otra cara. El estudio alerta sobre situaciones como el uso problemático de las redes sociales, el ciberacoso, la violencia digital en las relaciones de pareja, el acceso precoz a contenidos pornográficos o el impacto en la salud mental. De hecho, el 21 % del alumnado presenta síntomas de malestar emocional y el 11,2 % un riesgo suicida elevado, especialmente entre las chicas.
El informe también recuerda que el acompañamiento de las familias sigue siendo fundamental. Hablar sobre los riesgos de Internet, establecer límites en el uso de los dispositivos o fomentar hábitos sencillos, como no dormir con el móvil en la habitación, puede reducir de forma significativa las conductas de riesgo y favorecer una relación más saludable con la tecnología.
La voz de la adolescencia también cuenta
Uno de los momentos más significativos de la jornada fue la intervención de Harper, representante de la adolescencia del VOPIA (Voz de la Infancia y Adolescencia de Las Palmas de Gran Canaria).
Con un discurso cercano, claro y muy conectado con la realidad que viven muchos jóvenes, compartió su visión sobre el papel que ocupa la tecnología en la vida cotidiana y cómo influye en las relaciones, las emociones y la forma de entender el mundo digital.
Harper recordó que las redes sociales y las tecnologías son, al mismo tiempo, una oportunidad y un desafío. Permiten aprender, crear comunidad y expresarse, pero también pueden generar presión por mostrar una vida perfecta, compararse constantemente con otras personas o sentir la necesidad de estar siempre conectado.
Su intervención dejó un mensaje especialmente relevante: encontrar soluciones no es responsabilidad exclusiva de los adolescentes. Construir un entorno digital más seguro requiere el compromiso de familias, centros educativos, administraciones públicas, empresas tecnológicas y de toda la sociedad. Escuchar la voz de quienes viven esta realidad cada día es imprescindible para comprender mejor los retos actuales y avanzar hacia respuestas que realmente den respuesta a sus necesidades.
Educar antes que prohibir
Las entidades participantes coincidieron en que el objetivo no debe ser alejar a niños, niñas y adolescentes de la tecnología, sino acompañarlos para que puedan utilizarla de forma crítica, segura y responsable.
Entre las principales propuestas del informe destacan el refuerzo de la educación digital, una mayor protección frente a la violencia digital, el abordaje del bienestar emocional como una prioridad de salud pública y una mayor responsabilidad de las empresas tecnológicas en el diseño de sus plataformas y algoritmos.
El mensaje final fue claro: el bienestar digital no depende únicamente del tiempo que se pasa delante de una pantalla. Depende, sobre todo, de cómo la sociedad acompaña a las nuevas generaciones para que puedan aprovechar las oportunidades que ofrece la tecnología sin poner en riesgo su salud, sus derechos y su bienestar.
Consulta el informe completo «Infancia, Adolescencia y Bienestar Digital en Canarias» para conocer en detalle los resultados y las propuestas de actuación.
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